Acroyoga y embarazo

por May 6, 20212 Comentarios

¿Puedo hacer acroyoga si estoy embarazada? ¿Qué ocurre en el cuerpo durante el embarazo y cómo afectan estos cambios a la práctica de acroyoga? Mi experiencia personal (y bastante chapa sobre fisiología del embarazo).

Antes de nada: si estás embarazada, consulta con tu matrona y/o con tu ginecólogo/a antes de seguir ningún consejo que leas aquí o en Internet (o que te dé el/la colegui de turno). Yo no soy médico y por lo tanto no estoy capacitada para dar ningún consejo de salud.

Entonces, ¿por qué he escrito este artículo?
Porque dos de mis mayores pasiones son el acroyoga y la salud de la mujer, y al quedarme embarazada me di cuenta de que apenas hay información sobre este tema. Porque abundan falsos mitos y desinformación que pueden infundirte(nos) miedo sin razón, o por el contrario, darte(nos) una falsa sensación de seguridad que puede ponerte(nos) en peligro. Y porque me gustaría que hubiera más voces compartiendo sus experiencias personales, para visibilizar y normalizar el ejercicio físico durante el embarazo y poder hablar sin tabús.

En este artículo te ofrezco por una parte información objetiva de algunos de los cambios fisiológicos que se dan durante el embarazo y que afectan al trabajo corporal; por otra mi experiencia personal con el acroyoga durante mi embarazo; finalmente, mis conclusiones y recomendaciones 100% subjetivas y debatibles sobre acroyoga y embarazo. Es un poco largo, pero espero que te resulte interesante ^_^ . (Puedes saltar directamente a mi experiencia o mis conclusiones… ¡tal vez después tengas más ganas de leer la primera parte, en la cual se basan las recomendaciones!)

 

 

El cuerpo de la mujer embarazada

En la sociedad en la que vivimos a menudo se nos olvida que el embarazo es un proceso fisiológico, natural, no patológico. La mujer embarazada no está enferma. La mujer embarazada no es por definición más frágil ni más débil. Sin embargo, sí que hay una serie de cambios fisiológicos importantes que afectan a todos los sistemas del cuerpo de un modo u otro y que conviene conocer y tener en cuenta. Sí que es cierto que cada embarazo y cada mujer es diferente, y que es necesario individualizar. También es cierto que hay embarazos de riesgo en los que toda precaución es poca.

Los cuerpos de algunas mujeres se adaptan a los cambios con relativa facilidad y apenas necesitan modificar su estilo de vida normal hasta prácticamente el final del embarazo. Otras mujeres descubren que algunos de sus sistemas no se adaptan tan bien y pueden experimentar molestias persistentes, o incluso mala salud, a veces desde el principio. El cuerpo de la embarazada cambia de semana en semana: lo que está bien hoy, puede no estarlo mañana (y viceversa).

La mayor parte de los cambios que se dan durante el embarazo son progresivos y son atribuidos bien a los cambios hormonales o bien a las alteraciones físicas causadas por el creciente tamaño del feto. Para simplificar, me he centrado en aquellos sistemas y cambios que tienen más relación con la práctica de actividad física, pero recuerda, NO es una lista exhaustiva, sino lo que yo creo que tiene mayor impacto si quieres seguir haciendo acroyoga.

 

Los efectos de las hormonas durante el embarazo

El sistema neuroendocrino materno es el principal regulador de la gestación, controlando tanto la duración como la integridad de ésta. Los cambios hormonales durante el embarazo son muy complejos y son responsables de muchos de los síntomas típicos, como por ejemplo: náuseas, aumento de la sensibilidad de la piel, congestión de los senos nasales, cambios en la tensión arterial, o efectos metabólicos como el aumento del azúcar en sangre y la diabetes gestacional (por nombrar algunos pocos).

Los efectos que las hormonas tienen sobre los sistemas cardiovascular y musculoesquelético van a tener especial importancia de cara a la actividad física. También es importante tener en cuenta que los niveles cambiantes de las hormonas suelen conllevar altibajos emocionales, que pueden afectar también a una práctica como el acroyoga.

Las hormonas clave durante el embarazo son el hCG (gonadotropina coriónica humana), la progesterona, los estrógenos, la relaxina y el hPL (lactógeno placentario humano), todas ellas producidas principalmente por la placenta. Éstas a su vez van a interactuar con el resto del sistema neuroendocrino de la madre, y como respuesta otras hormonas también van a variar sus niveles: prolactina, cortisol, melanotropinas, hormonas tiroideas o aldosterona.

Nos interesan principalmente los efectos de la progesterona y la relaxina, pues relajan los músculos lisos y “ablandan” el tejido conectivo, el cartílago, las articulaciones y los ligamentos. Esto significa que la fascia, los músculos y los ligamentos están relativamente más elásticos y “flojos”, y que hay cierta hipotensión postural. También significa que todas las articulaciones son menos estables, y en especial las articulaciones pélvicas (cadera, sacroilíaca y sínfisis púbica). Otras articulaciones como las rodillas y los tobillos (o las muñecas, si practicas parada de manos), también pueden sufrir más, debido a su función de soporte de peso.

El aumento de flexibilidad puede causar problemas a aquellas embarazadas que ya tenían articulaciones hiperlaxas. Durante el embarazo, es especialmente importante tener cuidado con los estiramientos, movimientos resistidos o sobrecargas, ya que es fácil estirar demasiado y dañar los músculos y ligamentos.

Aunque los niveles de progesterona van incrementando gradualmente a lo largo del embarazo, hay un pico importante de relaxina en el primer trimestre, por lo que esta “flexibilización” de las articulaciones se puede notar desde las primeras semanas.

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Fuente: CourseHero

Otros de los efectos a tener en cuenta son una disminución de la tensión arterial y una mayor probabilidad de desarrollar venas varicosas o edema, debido a la relajación del músculo liso vascular.

 

Los cambios en el sistema musculoesquelético

El cuerpo de la embarazada va cambiando de forma bastante evidente a medida que crece el feto. Muchos de estos cambios son posibles gracias a los cambios hormonales de los que acabamos de hablar, pero es el tamaño (y peso) del útero el que los origina.

Durante el primer trimestre (hasta la semana 13 de gestación), los cambios visibles a nivel musculoesquelético son mínimos. El útero sigue siendo un órgano pélvico. Generalmente, no es hasta la semana 12 de gestación (aproximadamente) que puede palparse el útero en el borde del hueso púbico. El aumento de peso materno suele ser pequeño y la mujer puede incluso perder peso. Si hay hinchazón abdominal suele ser debido a los cambios a nivel gastrointestinal (gases, estreñimiento, digestiones lentas…), y no tanto por el incremento en el tamaño del útero.

Es muy interesante conocer la ubicación física y el tamaño del útero según van pasando las semanas. Aunque la matrona lo suele medir en todas las visitas durante la gestación, con una auto-exploración, tumbada boca arriba, es relativamente sencillo palpar el fondo uterino.

A medida que va creciendo el feto, los cambios físicos y posturales comienzan a ser más evidentes. La flexibilización de las articulaciones, ligamentos y músculos pélvicos, así como el aumento en el tamaño de los pechos, también afectan a la postura. Puede haber una “apertura” de la pelvis, una mayor rotación externa de la articulación de la cadera, y que comience a verse el típico “caminar de pato” de la embarazada.

Según aumenta el peso y tamaño del útero, el centro de gravedad se desplaza hacia la parte frontal del cuerpo. Esto puede provocar problemas de equilibrio, aumentando el riesgo de caídas. Si no hay un soporte muscular adecuado en la parte inferior de la espalda y el abdomen (toda la faja lumbo-abdominal, en especial la musculatura profunda), puede incrementarse aún más la anteversión pélvica y la hiperlordosis, empeorando todavía más la postura y los posibles problemas derivados de ello.

El dolor de espalda se presenta en hasta un 70% de las mujeres, principalmente a partir del quinto mes de embarazo. También es muy habitual, especialmente en el tercer trimestre, la tirantez, incluso dolor, en toda la cadena muscular posterior: desde la musculatura occipital hasta las plantas de los pies (extensores de la espalda, glúteos, isquiotibiales, gemelos…). La tensión y el estiramiento del ligamento ancho del útero pueden provocar sensaciones dolorosas, agudas y bajas que pueden sentirse en los laterales del abdomen bajo, pero también irradiar hacia la espalda o hacia el pubis. El diafragma cada vez va a poder desplazarse menos en su eje vertical a la hora de inhalar y predominará la respiración torácica o costal. Es habitual experimentar fatiga y disnea (dificultad para respirar).

Fuente: pelvicus.es

La musculatura del recto abdominal necesita estirarse mucho para dar espacio al útero, hasta llegar a separarse. Una diástasis (separación) de dos o tres dedos es normal y se considera fisiológica, pero una separación excesiva significa que la pared abdominal se ha debilitado significativamente y se debe tener cuidado en el tipo de ejercicio que se realiza. Por ejemplo, no incorporarse frontalmente desde la posición de acostada boca arriba, o no hacer los típicos ejercicios abdominales. Si la diástasis abdominal es muy grande también se debe evitar levantar objetos pesados. Todo el corsé abdominal, especialmente los abdominales transversos, debe tonificarse durante el embarazo para ayudar a minimizar esta separación, y para que durante el parto los músculos puedan trabajar eficazmente, sobre todo en la fase de expulsivo.

 

 

Un poco más sobre algunas molestias poco conocidas (pero bastante frecuentes)

Síndrome de Hipotensión Supina (SHS) o síndrome de compresión de la vena cava inferior

La vena cava inferior es el tronco venoso que retorna la sangre de la parte inferior del cuerpo (incluyendo piernas, pelvis y órganos del abdomen) al corazón. Desde finales del segundo trimestre el tamaño y peso del útero son suficientes como para producir cierta compresión sobre esta vena de gran calibre tan importante. Es uno de los motivos para la aparición de varices o retención de líquidos y edemas.

Pero además la tensión arterial puede verse dramáticamente afectada por la postura cuando la embarazada está en decúbito supino, es decir, tumbada boca arriba. En esta posición todo el peso del útero (con el feto, placenta, líquido amniótico…) recae sobre la vena cava inferior, dificultando enormemente el retorno venoso. La aorta abdominal y las arterias ilíacas también pueden verse comprimidas y dificultar el aporte de sangre a la placenta. Todo ello puede provocar una aparente disminución del gasto cardíaco y una caída brusca de la tensión arterial.

Esto se conoce como Síndrome de Hipotensión Supina (SHS) y se puede manifestar como debilidad, mareo, náuseas, taquicardia, sudores fríos e incluso síncope (pérdida temporal del conocimiento). En los casos más graves (e infrecuentes), puede incluso estar relacionado un desprendimiento de placenta.

Aunque el 90% (aproximadamente) de las mujeres embarazadas experimentan obstrucción de la vena cava inferior en decúbito supino, solo el 8% experimenta malestar. Si esto ocurre se puede corregir fácilmente cambiando inmediatamente de posición, adoptando la postura de decúbito lateral izquierdo (tumbada sobre el costado izquierdo), aliviando rápidamente la presión sobre la vena cava inferior, que se encuentra ligeramente hacia la derecha.

Sin embargo, incluso cuando no te produzca ningún síntoma, es aconsejable evitar lo máximo posible el decúbito supino para obstruir la circulación sanguínea lo mínimo posible.

Si practicas acroyoga como base, seguro que ya te has dado cuenta de cómo esto puede ser un problema. Pero además, como voladora, estarían desaconsejadas posturas en las que hay una presión prolongada sobre las ingles, como la hoja doblada en vuelo terapéutico, pues podrían llegar a obstruirse ambas venas femorales produciendo un efecto similar.

Dolor o Inestabilidad de la cintura pélvica, inestabilidad o diástasis de la sínfisis del pubis, etc.

Para algunas mujeres puede ser una simple incomodidad del embarazo, pero para otras puede llegar a ser un problema grave e incapacitante. Suele diagnosticarse cuando hay dolor en el propio hueso púbico, que provoca limitaciones en el movimiento. Pero también puede causar dolor, inestabilidad y limitación de la movilidad y el funcionamiento en cualquiera de las articulaciones pélvicas, por lo que históricamente ha tenido muchos nombres y terminologías que describían diferentes patologías, y que hoy en día suelen agruparse bajo el mismo paraguas (PGP, Pelvic Girdle Pain en inglés).

Debido a los cambios hormonales (los efectos de la relaxina y la progesterona) los huesos púbicos pueden volverse demasiado inestables y «rechinar». En sus primeras etapas, es posible que el dolor no se experimente necesariamente en el momento de ejercer presión o movimiento sobre la articulación, sino varias horas después. Esto puede dificultar el diagnóstico. Más adelante puede ser doloroso todo el tiempo y empeorar mientras se realizan los movimientos que lo agravan: caminar, girarse en la cama por la noche, entrar y salir del coche, subir escaleras, durante o después de realizar estiramientos que impliquen abducción de las piernas, llevando o levantando peso…

El dolor puede ser insidioso o repentino. Además de sentirse en el pubis, el dolor se puede sentir en la ingle y en la cara interna de uno o ambos muslos. A veces puede confundirse con el dolor que se experimenta debido a la presión de la cabeza del feto cuando comienza a descender y encajarse al final del embarazo, o simplemente con una fatiga muscular severa. No siempre es fácil de diferenciar, aunque el dolor de la sínfisis del pubis suele ser más agudo, incluso como un «ardor» y se siente más específicamente en la propia articulación. Con frecuencia se acompaña de dolor lumbar o sacro-ilíaco y dolor por encima del pubis, y los «chasquidos» de la sínfisis púbica pueden llegar a ser audibles. Generalmente se alivia cuando se tiene cuidado de mantener las piernas en aducción (juntas) y se agrava con los movimientos de abducción (separación de las piernas).

Este problema puede aparecer gradualmente durante el embarazo, durante el parto (especialmente en la posición de litotomía, es decir, acostada boca arriba con las piernas separadas) o después del parto. Suele ser más frecuente en mujeres que ya eran hiperlaxas antes de estar embarazadas, así como en aquellas que habían sobre-estirado esta articulación en el pasado (ballet, gimnasia) o que tenían lesiones pélvicas preexistentes. Otro factor de riesgo es una musculatura abdominal y/o del suelo pélvico demasiado débil.

Practicar acroyoga por sí mismo no tiene por qué incrementar el riesgo de padecer este problema. Pero se estima que alrededor del 45% de las embarazadas sufren de dolor de la cintura pélvica, y el acroyoga puede empeorarlo drásticamente.

Calambres en las piernas

En la segunda mitad del embarazo los calambres en las piernas son muy comunes, y aunque pueda parecer algo poco importante, pueden llegar a ser bastante dolorosos e incapacitantes. La causa específica no está del todo clara. Un componente importante son los cambios posturales (como he descrito más arriba) y si además la musculatura de la faja abdominal no está fuerte, se da una sobrecarga de toda la cadena muscular posterior. También pueden estar relacionados con una deshidratación y con el metabolismo de ciertos minerales (magnesio, potasio, sodio, calcio y fósforo, aunque la evidencia no es concluyente). Todo esto puede provocar un “tirón” o calambre, una contracción involuntaria del músculo que provoca dolor, especialmente en los gemelos y en la planta del pie. También puede darse en los músculos isquiotibiales, y a veces en el tibial anterior.

Para intentar prevenirlos, es importante estirar con frecuencia y de forma adecuada toda la cadena muscular (no sólo el músculo que suele dar tirón), así como hidratarse correctamente. Como persona voladora, “dar punta” puede convertirse en todo un suplicio :p.

 

Mi experiencia personal

En el momento de escribir este artículo estoy felizmente embarazada de 31 semanas (7 meses y pico) y desde hace algunas semanas mi práctica de acroyoga es casi inexistente 🙁

Ya antes de estar embarazada me había informado bastante sobre el tema de acroyoga y embarazo. Por una parte tenía mi formación en shiatsu para embarazadas y conocimientos sobre la anatomía y fisiología del embarazo y el parto. Por otra parte, se había tratado brevemente el tema durante mis Teacher Training de acroyoga, con las experiencias personales de las profesoras y alumnas que habían sido madres. Además, había buscado y leído testimonios en las redes sociales, como el grupo de “Safety in Acro” de Facebook.

Al quedarme embarazada investigué un poco más, busqué más experiencias de mamás acroyogis y también hablé con verticalistas y otras deportistas profesionales que habían estado embarazadas. En los foros de acroyoga uno de los problemas que me encontré es que casi solo hablaban para las voladoras, no encontré testimonios desde el punto de vista del rol de la base. Otro de los problemas que me encontré fue que había recomendaciones muy dudosas e información totalmente errónea, mezclada con otras cosas que sí que eran útiles y ciertas.

Con los testimonios y las experiencias muy pronto quedó claro que cada mujer y cada embarazo es diferente. Desde la que había dejado por completo el acroyoga desde el principio, hasta la que con casi 9 meses aún hacía hand-to-hand. Todas las decisiones son válidas. Mi experiencia será diferente de la tuya, pero espero que te pueda aportar información valiosa.

En el primer trimestre del embarazo mi práctica de acroyoga prácticamente no cambió nada: volaba, baseaba, spotteaba, y daba mis clases normalmente. Durante todo el trimestre (y casi hasta la semana 20) tuve bastantes náuseas, gases y malestar digestivo, pero esto apenas interfirió en la práctica. En seguida, a las pocas semanas (4 o 5), comencé a notar molestias en el sacro y la articulación sacro-ilíaca al basear, pero lo pude sortear utilizando una esterilla de mayor grosor y más blandita, y haciendo de base solo a personas más ligeras que yo. Como voladora me sentía fuerte y bien físicamente, pero sí que desarrollé algunos miedos nuevos, algunos incluso un poco “tontos” (¡no hay miedos tontos! Hay que saber entender qué hay detrás de ellos), y fue muy importante comunicarme muy bien con mi base. Excepto durante 3 o 4 semanas, en las que las náuseas fueron especialmente intensas, continué entrenando verticales y practicando deporte de forma totalmente normal.

Durante esos primeros meses no consulté ni con mi médico ni con mi matrona sobre la práctica deportiva. En mi caso, no tenía ningún antecedente en mi historial médico que indicara que podía tener algún tipo de riesgo (ni abortos previos, ni embarazo ectópico, ni problemas a nivel uterino, como endometriosis o fibromas…). Además, la evidencia científica dice que la mayoría de los abortos espontáneos en el primer trimestre son causados por factores genéticos que dan como resultado un desarrollo deficiente del embrión o la placenta. En la primera visita con mi matrona, ésta tuvo una mente bastante abierta cuando le comenté a lo que me dedicaba, pero no le pedí “permiso” ni le hice demasiadas preguntas, pues me sentía bastante segura de lo que hacía. Todas las pruebas del embarazo iban saliendo normales, un embarazo de bajo riesgo, sin problemas de tensión alta o baja, ni de glucosa (hipoglucemia, diabetes gestacional), ni ningún tipo de hemorragia… Así que “adelante”.

Según avanzaba el segundo trimestre comenzaron a darse cambios importantes. Practicaba solo con mi pareja (padre de la criatura, base maravillosa y de pies blanditos, y la persona que más me cuida) o con la profesora asistente de mis clases (voladora con infinito control y consciencia corporal), con quienes tengo total confianza. Tuvimos que ir adaptando la posición de los pies en algunas posturas, descartando otras por incómodas o contraindicadas, y recalibrando constantemente según iba creciendo la barriga. Tenía también claro que no era el momento de probar cosas nuevas, y trabajábamos sobre todo cosas que teníamos lo más dominadas posible, muy bien calibradas y para las que teníamos claras las “salidas de emergencia”. La práctica era más lenta y más cuidadosa, pero me sentía genial, feliz y fuerte. Incluso durante dos semanas en las que tuve una ciática bastante intensa, continué haciendo acroyoga sin problemas (el problema era estar sentada o tumbada, cuando estaba en movimiento mejoraba el dolor hasta casi desaparecer).

Algún día puntual en el que me sentí tal vez demasiado optimista y “me pasé” entrenando, después noté algo de dolor en el pubis y contracciones de Braxton-Hicks más intensas y ligeramente dolorosas. Lo interpreté como una llamada de atención de mi cuerpo para no excederme aunque me sintiera bien.

Sobre la semana 23 llegó un gran “shock”: comencé a marearme muchísimo en el instante en que me ponía cabeza abajo. Adiós a las verticales y a todas las figuras invertidas. Me costó aceptarlo y me resistí bastante, pero no me quedó más remedio. Incluso en back-bend no aguantaba más de 2 o 3 segundos sin sentir un mareo intenso, como si me fuera a desmayar.

También fui cambiando la forma en la que daba las clases, haciendo participar más a los/as alumnos/as en las demostraciones y haciendo yo las explicaciones más con palabras y gestos. Empecé a limitar las situaciones en las que hacía de spotter después de algún mal gesto y de llevarme algún golpe.

El sexto mes me sentía cada vez más pesada (¡y la base también sentía el peso extra!) y con la energía cambiante: algunos días muy fuerte y otros muy cansada. Aunque en general seguía bastante activa (gimnasia, piscina, monte…), cada vez practicábamos menos acroyoga. Tanto yo como mi pareja nos cansábamos pronto, por la tensión de tener que ir con mucho cuidado y por el peso extra, y cada vez nos atrevíamos a hacer menos cosas. Fue el momento de dejar de dar clases.

En las últimas semanas, desde el comienzo del tercer trimestre, apenas hemos practicado algunos días cositas muy, muy básicas. Incluso figuras “fáciles” como trono o ballena se han convertido en algo nuevo que hay que volver a aprender: el centro de gravedad de mi cuerpo está en un lugar diferente, peso 10kg más y como dice mi pareja “hago cosas raras” :D. Paradójicamente he dejado de marearme al ponerme cabeza abajo.

¿Qué pasará en las próximas semanas? ¡Quién sabe! Hasta ahora mis máximas han sido “escucho a mi cuerpo” y “mientras pueda y me sienta bien haciéndolo, lo seguiré haciendo”.


Consejos y consideraciones si quieres seguir haciendo acroyoga durante tu embarazo

Yo NO voy a recomendarte que hagas acroyoga durante el embarazo, pero si tú estás decidida, sí me gustaría compartir estas reflexiones contigo:

  • Escucha a tu cuerpo. Es difícil de explicar qué significa esto exactamente, porque es diferente para cada persona. Pero durante el embarazo el instinto y la intuición suelen estar aún más afinados, y tu cuerpo te avisará si algo no va bien. Para ello, por supuesto, tienes que tener una predisposición a escucharlo, y sobre todo no forzar nada. Si algo te produce dolor, mareo, malestar o miedo, seguramente no deberías hacerlo.
  • No es el momento de aprender nuevos trucos. Tu cuerpo es diferente cada semana, por lo que simplemente recalibrar posturas conocidas puede ser ya suficiente trabajo. Además, es mucho más fácil tener una caída, un gesto brusco o un pie mal colocado con los trucos y transiciones nuevos. Si eres principiante y “todo” es nuevo para tí, el embarazo NO es el momento de practicar acroyoga.
  • Comunicación, comunicación y más comunicación. Hablad y tened claras cuáles son las estrategias de salida, qué es lo que vais a practicar en cada momento, etc. Aumentad la cantidad de comunicación verbal en los vuelos, pues las señales y comunicación no verbal pueden no ser suficientes.
  • Practica solo con personas con las que estés cómoda y calibrada. Si no tienes la suerte de tener una pareja o grupo fijos de práctica, esto puede ser complicado e incluso imposible.
  • Informa de que estás embarazada a todas las personas con las que vayas a practicar, independientemente del rol (base, voladora, spotter) que vayas a desempeñar tú. Todas las personas tienen que consentir y estar de acuerdo, ser conscientes de los riesgos, y estar cómodas con la situación.
  • Evita hacer de “spotter. Este es el rol cuyo riesgo es más impredecible: puedes llevarte una patada o golpe en cualquier momento, tener que coger súbitamente un peso que se mueve con velocidad, o tener que hacer un gesto o cambio de posición muy rápido. Todo ello cosas que quieres evitar a toda costa durante el embarazo. Haz una evaluación honesta de qué puedes cuidar y qué no, deja muy claros los límites, y asegúrate de que la base y la voladora te explican muy bien qué quieren que cuides y cómo.
  • Evita hacer de base a personas más pesadas que tú. Evita basear “L-basing” en la segunda mitad del embarazo. Recuerda que los ligamentos de la pelvis van a estar especialmente flojos, y puedes desarrollar problemas con la sínfisis púbica o las articulaciones sacro-ilíacas. Además, ten en cuenta los riesgos del síndrome de hipotensión supina y de los problemas relacionados con la inestabilidad de la cintura pélvica.
  • Contraindicaciones absolutas: presión directa sobre el abdomen, a partir de la semana 10-12 (por ejemplo, la postura de “croc”, o cualquier pie u otro punto de apoyo intenso en el abdomen); transiciones con impacto (pops), especialmente si hay impacto o riesgo de impacto en el abdomen.
  • Contraindicaciones relativas, dependen de tí y cómo reaccione tu cuerpo: back-bend / arco de espalda (no es tanto la postura en sí, si no la activación del recto abdominal para entrar y salir de ella); torsiones profundas; folded leaf / hoja doblada (mantenida durante mucho tiempo, como en vuelo terapéutico, puede bloquear el retorno venoso y provocar mareo, hipotensión sanguínea…); bajadas con impacto, saltos (mejor una salida acompañada y suave, por ejemplo a través de una transición)… Cualquier cosa que “no se sienta bien”.
  • Contraindicación dudosa: figuras invertidas. No hay ninguna evidencia científica que diga que haya ningún peligro o inconveniente, pero es una de las cosas sobre las que hay más debate y opiniones contradictorias. Se suele recomendar evitarlas, sin más, por si acaso.
  • Protege las articulaciones que más presión vayan a sufrir. Durante el embarazo vas a tener más riesgo de esguinces, luxaciones, y distensiones musculares. Usa muñequeras, especialmente si practicas “hand to hand” o verticales; asegúrate de tener una esterilla suficientemente mullida si vas a basear L-basing; usa tobillera si sueles tener esguinces; no te fíes de tu flexibilidad extra y evita llegar al límite…
  • Acepta los cambios. No pretendas seguir practicando como si nada. Seguramente acabarás forzando o haciéndote daño. Tu cuerpo cambia, tu centro de gravedad, tu peso, tu estado de ánimo, tu concentración, tu tolerancia al dolor, tu tensión arterial, tu nivel de energía, tu percepción del peligro… Acepta que lo que la semana pasada te resultaba fácil y cómodo, esta semana tal vez no puedas hacerlo.
  • Cuidado con el exceso de confianza. Puede que te sientas genial, ágil y fuerte, y que cierta transición fuera “pan comido” para tí, pero no tener en mente que tu cuerpo no es el mismo aumenta el riesgo de tener un accidente.
  • Haz oídos sordos a l@s “opiniólog@s”. Encontrarás infinidad de opiniones sobre el embarazo, pero la mayoría es solo ruido sin fundamento. Hablar con otras madres que hayan pasado por la experiencia te puede dar referencias útiles. El personal sanitario especializado y actualizado te podrá aconsejar de manera fiable. Todo lo demás, por muy “profesor titulado” que sea la persona, o muy buenas intenciones que tenga, es mejor no hacer caso.
  • Infórmate y entiende qué efectos tienen los cambios físicos y hormonales en tu cuerpo. Te lo he puesto fácil y te he hecho un buen resumen aquí (sí, aunque parezca muy largo, es un resumen muy resumido). Eso te va a ayudar a saber qué movimientos y posturas pueden tener mayor riesgo y por qué.

Cualquier decisión sobre la práctica de acroyoga durante el embarazo deberías tomarla tras consultar con tu matrona y/o ginecólogo/a u obstetra, que son quienes pueden valorar tu estado de salud y tu embarazo. Ciertas condiciones del embarazo pueden hacer que algo en particular tenga mayor riesgo o esté contraindicado. Dicho esto, me temo que pocos profesionales de la salud van a entender en qué consiste el AcroYoga y, por lo tanto, es muy probable que decidan quedarse en el lado “más seguro posible” (= cero acroyoga). Si puedes, busca un/a fisioterapeuta, matrona y/o ginecólogo/a u obstetra que trabaje con deportistas profesionales, para que pueda asesorarte con una mente un poco más abierta.

 

 

 

Para acabar…

Cada vez hay más evidencia científica sobre los beneficios de realizar ejercicio durante el embarazo. Y no ejercicio suave, sino de intensidad moderada. Es algo en lo que aún queda mucho que investigar, y muchos mitos que deconstruir.

Si has detectado algún error en la información que he compartido, me encantaría que me lo hicieras saber en los comentarios. También si tienes cualquier pregunta o si quieres compartir tu experiencia personal. ¡De eso se trata! 🙂

Fuentes consultadas:

  • “Pregnancy and Childbirth. A holistic approach to massage and bodywork”, Suzanne Yates
  • Wikipedia.org
  • Hilos en el grupo de Facebook “Safety in Acro”
Sandra Jiménez

Sandra Jiménez

Soy ingeniera informática, terapeuta de shiatsu y masaje tailandés, hortelana aficionada y profesora certificada de AcroYoga por la escuela de AcroYoga Montreal. Practicante de aikido, tai chi y yoga durante muchos años, mi vida se volvió (literalmente) del revés cuando descubrí el AcroYoga casi por casualidad. Me enamoré locamente de esta práctica y desde entonces le dedico más horas de lo que sería sensato, entrenando, compartiendo, jugando, aprendiendo y enseñando. Desde enero de 2018 imparto clases regulares de AcroYoga en Vitoria-Gasteiz, y talleres intensivos allá donde pueda, buscando siempre inculcar el espíritu de comunidad de esta práctica.

2 Comentarios

  1. Eli

    Para empezar, quiero darte las gracias por lo que das. Este trabajo que ofreces en estas líneas no tiene precio. Considero que cuanta menos información tenemos, más debemos hacer incapié en buscar, experimentar, indagar… Y todas sabemos que con el cuerpo de la mujer hay un gran camino que recorrer. Por eso, hacerlo con tu cuerpo y compartirlo con las demás es un regalo para todas.
    Como sanitaria, mi cabeza afirmaba y aprendía mientras leía tu artículo; como amiga, mis ojos brillaban de admiración.

    Eskerrik asko!

    Responder
    • Sandra

      Gracias amor!!!!! ❤️❤️
      Con comentarios así da gusto escribir y compartir.
      Un abrazo fuerte!

      Responder

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